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Editoriales | Paula Valencia Mosquera, in memoriam

No estaba lista

Yeidy Yasmith Estrada Valencia
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Profesional en Filosofía y Letras

Era mi momento, nuestro momento. No entendía por qué, en el gran mundo de la filosofía, debía relacionarme con clases que me recordaban aprendizajes que tuve en tercero o cuarto de primaria; pero te conocí y entendí que las letras y todo lo que hay a su alrededor eran tu pasión. Entendí el significado de Alicia en el país de las maravillas y el sentimiento que me dejó el haber comprendido El principito. Entendí por qué Pessoa tenía tantos heterónimos y por qué José Asunción Silva escribía Nocturnos. Entendí también que los feos no sufrimos de melancolía todo el tiempo, como lo dice Mendoza, y que en ocasiones el negro es el nuevo color de moda. 

Quizá puedo escribir el sinfín de cosas que aprendí de ti y por ti, pero sé que ya lo sabes. Por ejemplo, nunca te di las gracias por recomendarme a María Mercedes Carranza o Alfonsina Storni; o qué me dices de Alejandra Pizarnik, esa poeta maldita, un tanto olvidada y suprimida por las inclemencias de la historia y la vasta literatura masculina. 

Siempre me pregunté por qué llevabas un libro contigo teniendo en cuenta la cantidad de ellos que tenías en casa. Después entendí que más que un objeto, era un símbolo. Creo que la literatura era para ti lo que para Platón era su idea del bien. Y creo, además, que si cambiáramos El cine era mejor que la vida” por Las letras eran mejor que la vida y, añadiéramos un poco de tu historia, entonces Juan Diego Mejía volvería a ganar el Premio Nacional de Cuento Colcultural. 

Pero, aunque quiera agradecerte por todo esto y más, también tengo que serte sincera y expresarte el dolor y el coraje que siento por no poder mostrarte cómo he aplicado lo que aprendí de ti; por no poder enseñarte nuevas obras que encontré turisteando por ahí, consejo que por supuesto tú me diste; por no poder mostrarte mi colección de literatura colombiana y mi otra colección secreta de libros que a nadie le gustan, pero que a mí me encantan. 

La muerte es una realidad que, generalmente, deseamos suprimir en un intento por no hurgar en nuestra sensibilidad. Justo cuando esta se presenta, estamos ahí, pusilánimes, como si nos hubieran sacado las emociones del cerebro. Y, en un afán por encontrarle sentido al suceso, iniciamos un interrogatorio sobre la vida de aquella persona que hace falta y que ya no estará más entre nosotros. 

Creo que en el libro de la vida no hay una explicación de cómo estar preparados para la muerte y mucho menos si es de repente. Y si te soy aún más sincera, no estaba lista, no tenía la suficiente madurez emocional para entender que lo que mencioné en el párrafo anterior, tendría que ver contigo. No estaba lista para entender que la última vez que te hice reír iba a ser eso: la última. No estaba lista para entender qué pasaba después de decir “adiós” o de apagar la cámara. Sin embargo, por fin pude entender la metáfora del conejo blanco en Alicia en el país de las maravillas y siempre estaré eternamente agradecida contigo. 

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