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Editoriales | Paula Valencia Mosquera, in memoriam

Homenaje a Paula A. Valencia: maestra y amiga

Jacobo Rivera Tejada
[email protected]
Estudiante de Prof. en Filosofía y Letras, U. de Caldas
Codirector, Revista Cazamoscas

Cuando conocí a Paula tenía unos catorce o quince años y estudiaba en un colegio privado de la ciudad. Estaba en noveno y recuerdo haber oído a los de décimo quejarse por lo difícil que era la clase de Investigación, asignatura que ella impartía.

Recuerdo haber llegado a su clase bastante prevenido, pero deseoso por aprender. Mi madre, que por ese tiempo estaba empezando una maestría, me había enseñado lo que yo creía eran las bases de la investigación.

Cuando llegué a la clase me di cuenta de que la investigación era muchísimo más de lo que creía. Con Paula me di cuenta de que investigar era una actividad que requería organización, pero más que todo pasión; requería una sed insaciable por querer responder las preguntas que se nos cruzaban por la mente y un gran respeto por los planteamientos de las autoras y autores.

Años después, cuando pasé a la universidad, mi primera clase con ella fue Literatura Colombiana y fue sumamente grato reencontrarme con sus métodos para orientar asignaturas; esta vez con un tema que la apasionaba. Era increíble oírla hablar sobre literatura, sobre autores, corrientes, épocas y vanguardias.

Recuerdo haber elegido un libro de Luis Miguel Rivas para mi proyecto y haberme esforzado por conseguir unas palabras del escritor para la clase. Luis Miguel nos envió una carta que aún tengo guardada por ahí; en ella, el autor valluno reflexionaba que leer a los autores colombianos era, de cierta manera, leernos a nosotros mismos. Y terminó su pequeño escrito agradeciéndole a Paula por ponernos en contacto y a nosotros, los estudiantes, por leerlo.

Paula fue mi profesora en una oportunidad más, en un seminario donde trabajamos literatura del desasosiego. Fue ella quien nos presentó la literatura de Fernando Pessoa y al mismo tiempo a Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Bernardo Soares y Álvaro de Campos. No escatimó en resaltar la genialidad literaria de Pessoa y no era para menos. También nos presentó a Primo Levi, autor a quien guardo un aprecio profundo, pues sus reflexiones me recuerdan siempre lo importante de ser humano y de no olvidar nuestra dignidad. 

Por último, tuve la suerte de verla en su sustentación de tesis de maestría que realizó justamente en corrientes y vanguardias de la literatura europea: del romanticismo al surrealismo. En especial, recuerdo su reflexión de cierre sobre el Angelus Novus, la pintura de Paul Klee, que tomó de referencia Walter Benjamin para hablar sobre el Ángel de la Historia. Aquel ángel que lucha incansablemente por enmendar lo roto, arreglar la catástrofe del pasado; pero inevitablemente es arrastrado por los fuertes vientos del progreso.

Paula fue para mí y para todos sus estudiantes una fuente de sabiduría, un ejemplo de lo que uno puede llegar a ser cuando persigue aquello que le apasiona. Fue una gran maestra y una amiga. Espero que la recordemos con esa pasión característica.

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