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Editoriales | Paula Valencia Mosquera, in memoriam

El suspiro del recuerdo

Valentina Orozco Piedrahita
[email protected]
Estudiante de Licenciatura en Ciencias Sociales
Universidad de Caldas

Ella, desde la intimidad de su espacio, rodeada de grandes escritores que en el trazo de sus hojas la lograron cautivar, reflejó en nosotros su lado maternal, familiar y profesional. Ella, una enamorada de las letras que, poco egoísta, decidió compartir sus reflexiones y gustos en cuanto a libros, autores y experiencias a un grupo de aprendices que, cautivados por la idea de descubrir la magia de la literatura, curso tras curso, la escogían como su guía en la emocionante tarea de leer. Ella, la voz firme y la sonrisa radiante, entregando todo, abría las puertas de la curiosidad a quienes como cómplice, la buscaron para rememorar las grandes obras del ayer y del ahora, contribuyendo a transformar su forma de ver y leer y escribir.

Ella, amante de las letras, insistente en promover la expresión oral y la seguridad a la hora de expresarse verbalmente, con su carácter fuerte y presencia arrolladora, no perdía oportunidad para fomentar en sus cursos la reflexión y el análisis. on su humor sarcástico y ligeramente negro, evidenciaba su pasión al demostrar cómo a través de los libros y las letras, la imaginación y la realidad pueden ser exhibidos y contrastados. Combinando la imaginación y la razón, nos aterrizó en la realidad que la palabra escrita hace manifiesta.en medio de este cargamento de realidades e ilusiones, nos dejó un último mensaje: la vida, en su inexplicable suspiro infinito, nos enseña que los momentos construidos y albergados en la memoria son valorados en el ahora gracias a la oportunidad de haber podido experimentarlos, vivirlos y evocarlos, evidenciando cuan fuerte puede ser el impacto y la huella que una persona puede dejar en otra.

Vale la pena entonces, reconocer que el recuerdo y la esencia de su ser, aunque duela, debe hacerse desde el desapego y la libertad, aceptando y reconociendo que vivir y morir es una meta que la fragilidad de la vida nos recuerda de súbito con la explosión de la inevitable burbuja construida a lo largo del paso por la vida terrenal. Hoy la cámara se apaga con un adiós infinito, cargado de emocionalidad y nostalgia, y con el suspiro final del recuerdo de una vida que muy pronto apagó su luz. Hoy celebramos su recuerdo y su inigualable paso por este mundo, seguros de que, en las fronteras más allá de la percepción humana, se encuentra un ser derrochando magia, luz y sabiduría.

Ella…
la voz que habla,
la voz que inspira.
Mujer radiante
de presencia arrolladora.
Ella portadora de emocionalidad,
en el escenario de la vida
que le tocó bailar,
pudo comunicar lo que es
la magia de enseñar.

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